Bajo las escaleras a toda prisa, movida por el hambre. Cuando llego al final me paro, y alzo la ceja extrañada. Todos los días huele a tostadas recién hechas, pero hoy, solo se puede distinguir el olor de la madera, procediente de las paredes del salón. Camino despacio hasta la cocina, arrastrando mis pies, y mi desilusión aumenta, formado un nudo en mi estómago cuando veo que ningún manjar adorna la mesa, como lo había hecho hasta ahora, desde que tengo uso de conciencia.
Después de 16 años, aún sigo sin saber prepararme unas tostadas, y me tengo que conformar con calentar un poco de leche y beberla con un poco de pan, que es lo único que veo entre todos los armarios de la cocina. Me siento sobre la encimera, pensando en dónde pueden estar mis padres, nunca se marchan tan temprano, y mi padre nunca se va a cazar sin mi.
Me levanto y voy hasta el sótano, allí encuentro a Cinzia, plácidamente dormida. Decido volver a subir las escaleras, y dejarla dormir tranquila, pero un crujido en la vieja madrea del suelo, hace que levante su oreja, y en seguida se incorpore.
Corre hacia mi, y se sube, colocando sus patas sobre mis muslos. Acaricio su cocorota mientras la sonrío feliz, y juntas subimos de nuevo.
-Menos mal que te tengo a ti enana.
Ella me responde con dos ladridos y salimos de la casa. Espero que cuando vuelva mis padres estén allí.
Cojo mi arco, que está escondido en una trampilla justo al lado de la puerta principal de la casa. Camino por el bosque, disfrutando del aroma de los distintos árboles, y fauna silvestre, dejándome llevar por ellos.
Llego al claro del bosque, el lugar más tranquilo y acogedor del mundo, seguido de lago que se encuentra a la otra punta. A veces me pregunto que se encuentra más allá de él, yo nunca he salido de estos bosques, no conozco otro mundo. Me tumbo en la hierba, mirando el cielo que hoy está despejado, y Cinzia me acompaña en seguida, tumbándose a mi lado. Río al escuchar su jadeo, y miro como saca la lengua contenta.¿Quién diría que se puede tener a un lobo como compañero?
Cinzia ha sido mi mayor apoyo cuando ni mis padres me entendían. A mi edad a veces me es fácil criticar, y revelarme, pero ella siempre ha estado para apoyarme y calmarme. Me giro y la rodeo con mis brazos, disfrutando de ese momento, tan especial.
Conexiones
Hay espacios que están totalmente separados..¿Qué ocurre cuando se produce una conexión? Bienvenidos a mi nueva historia, vosotros me diréis de que va.. Yo no tengo ni idea.. ¡DISFRUTADLA Y COMENTADLA!
domingo, 14 de abril de 2013
sábado, 13 de abril de 2013
La pesadilla de los colores
PUM.
Me despierto sobresaltada, con el latido de mi corazón acelerado, tanto que a poco se me sale del pecho. Goterones de sudor caen sobre mi frente, suerte que duermo sin la pintura que me pongo normalmente. Me siento sobre la cama, apartándome las mantas, puesto que su calor me molesta bastante. Intento controlar mi respiración, y de paso, pensar en el sueño, o pesadilla que ha atormentado mi noche, y me va a perseguir en mis pensamientos lo que queda de horas de sol.
Miro hacia la puerta escuchando pasos acelerados, entran mis padres algo alterados, mirándome atentamente, acercándose a la cama.
-¿Qué ha pasado?, ¿Por qué estabas gritando?- Mi padre me interroga con tono de preocupación extrema, mientras mi madre agarra mi mano con fuerza. Frunzo el ceño extrañada mientras les miro, no es la primera vez que tengo pesadillas, y nunca se habían puesto así.
-Nada, una pesadilla... - Digo, comenzando a intranquilizarme de nuevo. Me miran con gran interés, y se expresan a la vez.
-¿Qué pasaba en ella?
- No recuerdo bien.. Solo que escuché un disparo...creo- Al decir esas palabras se levantan a la vez y salen deprisa de mi habitación, dejándome con miles de preguntas en la cabeza. ¿Por qué coño están así?. Me tumbo en la cama de nuevo, algo mosqueada. Miro al techo, pintado de colores, pero eso no le calma.
Me levanto de la cama y voy hacia una mesa grande que está colocada a un lado. Me siento delante de un espejo, y cojo un bote con pinturas: Verde y azul. Los colores que elijo esta vez.
Unto dos dedos, y comienzo a esparcir la pintura sobre el extremo de una mejilla. Dos líneas paralelas, con los colores la recorren, pasando por la nariz, hasta la otra parte.Me miro al espejo, satisfecha por el resultado,y salgo, algo más relajada, a buscar respuestas. Ahora si que estoy dispuesta a comenzar mi día.
Me despierto sobresaltada, con el latido de mi corazón acelerado, tanto que a poco se me sale del pecho. Goterones de sudor caen sobre mi frente, suerte que duermo sin la pintura que me pongo normalmente. Me siento sobre la cama, apartándome las mantas, puesto que su calor me molesta bastante. Intento controlar mi respiración, y de paso, pensar en el sueño, o pesadilla que ha atormentado mi noche, y me va a perseguir en mis pensamientos lo que queda de horas de sol.
Miro hacia la puerta escuchando pasos acelerados, entran mis padres algo alterados, mirándome atentamente, acercándose a la cama.
-¿Qué ha pasado?, ¿Por qué estabas gritando?- Mi padre me interroga con tono de preocupación extrema, mientras mi madre agarra mi mano con fuerza. Frunzo el ceño extrañada mientras les miro, no es la primera vez que tengo pesadillas, y nunca se habían puesto así.
-Nada, una pesadilla... - Digo, comenzando a intranquilizarme de nuevo. Me miran con gran interés, y se expresan a la vez.
-¿Qué pasaba en ella?
- No recuerdo bien.. Solo que escuché un disparo...creo- Al decir esas palabras se levantan a la vez y salen deprisa de mi habitación, dejándome con miles de preguntas en la cabeza. ¿Por qué coño están así?. Me tumbo en la cama de nuevo, algo mosqueada. Miro al techo, pintado de colores, pero eso no le calma.
Me levanto de la cama y voy hacia una mesa grande que está colocada a un lado. Me siento delante de un espejo, y cojo un bote con pinturas: Verde y azul. Los colores que elijo esta vez.
Unto dos dedos, y comienzo a esparcir la pintura sobre el extremo de una mejilla. Dos líneas paralelas, con los colores la recorren, pasando por la nariz, hasta la otra parte.Me miro al espejo, satisfecha por el resultado,y salgo, algo más relajada, a buscar respuestas. Ahora si que estoy dispuesta a comenzar mi día.
Sus ojos grises
Estamos sentados en la mesa del comedor, es un espacio amplio, y muy acogedor. Las paredes están decoradas con mis dibujos, los que hacía cuando era pequeña, hasta ahora. Me hacen sentir bien, cada uno tiene un recuerdo guardado.
El fuego de la chimenea nos arropa mientras disfrutamos de los animales que hemos cazado durante esta semana. Las miradas de mis padres se cruzan con las mías, no entiendo porque estamos en silencio, normalmente hablamos de como ha ido nuestro día, o de cualquier tema.
Incómoda por el silencio, decido romperlo de una manera algo tonta, pero no se me ocurre otra cosa.
-Cinzia deberá estar contenta hoy- Susurro intercambiando la mirada con mis padres.
-Desde luego, es una noche estupenda para cazar- Es una de las pocas veces que mi madre habla sobre caza, siempre está callada, silenciosa. A veces creo que trama algo. La idea me hace soltar una carcajada. Ambos me miran sorprendidos, y esbozan una sonrisa, la primera de la noche.
Después de cenar, subo rápido a mi habitación. Dejo la puerta entreabierta para cuando llegue Cinzia, mientras tanto me tumbo boca abajo sobre la cama, y cojo mi cuaderno de dibujo. Es la estancia de la casa donde mejor me llega la inspiración. El ambiente que crea el color galleta de las paredes, decoradas con atrapasueños, unos dibujados, otros que cuelgan... También aquí tengo dibujos decorando puertas y armarios. Pero, lo más extraño, es que ninguno tiene color. A veces me preguntan por qué, simplemente, lo veo más bonito así.
Unas pisadas arañando el suelo me despiertan de mis pensamientos. Alzo la mirada para ver a un hermoso lobo blanco aparecer por la puerta. Sus ojos grises se iluminan al verme, y en seguida me incorporo, y me acerco para acariciar su lomo, y juguetear con sus orejas. Junto mi frente con la suya y observo su mirada de más cerca aún. Su boca dibuja una sonrisa, nadie la vería, excepto yo.
-Mi pequeña Cinzia- La susurro en un tono cariñoso, que solo ella conoce. La conozco desde que era un cachorro. La encontré un día mientras acompañaba a mi padre a cazar. Recuerdo que la escondí en mi abrigo, y al llegar a casa la cuidé en mi cuarto, llevándola sobras de comida. Cuando mis padres la descubrieron, no les quedó otra que aceptarla como una más de nuestra familia, y desde entonces ha sido más que mi mascota, ha sido mi mejor amiga, mi hermana, y mi mayor protectora.
El fuego de la chimenea nos arropa mientras disfrutamos de los animales que hemos cazado durante esta semana. Las miradas de mis padres se cruzan con las mías, no entiendo porque estamos en silencio, normalmente hablamos de como ha ido nuestro día, o de cualquier tema.
Incómoda por el silencio, decido romperlo de una manera algo tonta, pero no se me ocurre otra cosa.
-Cinzia deberá estar contenta hoy- Susurro intercambiando la mirada con mis padres.
-Desde luego, es una noche estupenda para cazar- Es una de las pocas veces que mi madre habla sobre caza, siempre está callada, silenciosa. A veces creo que trama algo. La idea me hace soltar una carcajada. Ambos me miran sorprendidos, y esbozan una sonrisa, la primera de la noche.
Después de cenar, subo rápido a mi habitación. Dejo la puerta entreabierta para cuando llegue Cinzia, mientras tanto me tumbo boca abajo sobre la cama, y cojo mi cuaderno de dibujo. Es la estancia de la casa donde mejor me llega la inspiración. El ambiente que crea el color galleta de las paredes, decoradas con atrapasueños, unos dibujados, otros que cuelgan... También aquí tengo dibujos decorando puertas y armarios. Pero, lo más extraño, es que ninguno tiene color. A veces me preguntan por qué, simplemente, lo veo más bonito así.
Unas pisadas arañando el suelo me despiertan de mis pensamientos. Alzo la mirada para ver a un hermoso lobo blanco aparecer por la puerta. Sus ojos grises se iluminan al verme, y en seguida me incorporo, y me acerco para acariciar su lomo, y juguetear con sus orejas. Junto mi frente con la suya y observo su mirada de más cerca aún. Su boca dibuja una sonrisa, nadie la vería, excepto yo.
-Mi pequeña Cinzia- La susurro en un tono cariñoso, que solo ella conoce. La conozco desde que era un cachorro. La encontré un día mientras acompañaba a mi padre a cazar. Recuerdo que la escondí en mi abrigo, y al llegar a casa la cuidé en mi cuarto, llevándola sobras de comida. Cuando mis padres la descubrieron, no les quedó otra que aceptarla como una más de nuestra familia, y desde entonces ha sido más que mi mascota, ha sido mi mejor amiga, mi hermana, y mi mayor protectora.
Eunice
Observo sus ojos vacíos con una media sonrisa en la cara. Acaricio su lomo despacio, sintiendo la áspera textura que produce su piel, que está fría, muy fría. Estoy sentada junto a él, con el cuerpo relajado, y lo único que muevo es mi mano sobre el cuerpo. Aún sigue dándome pena, y hasta un sentimiento de culpa hacer esto, parece mentira, después de todo este tiempo.
Toda mi vida me he dedicado a ver esta misma imagen, repetida mil veces en mi mente, siempre de la misma manera. Termino sentada junto a él, como si estuviese guardando su alma para cuando vengan a recogerla., por una parte siento que es mi obligación, es mi manera de pedir disculpas.
-Lo siento.. Pero necesito comer... Y no pasar frío...- Susurro en su oreja, muy suave, sin llegar a tocarla. Una pequeña lágrima cae sobre su pelo,dejándole de un marrón más oscuro al que posee. Me seco el ojo, y me separo de nuevo. Una ráfaga de viento acaricia mi mejilla..¿Será eso la forma de decir que me ha perdonado?, espero que sí.
De repente, escucho unos pasos. En estos bosques es muy fácil percibir cualquier movimiento tan solo con el oído. Las ramas que se juntan con hojas secas caídas de los árboles, y crujen ante pasos de animales.. o humanos. Me levanto con un movimiento ágil y cojo mi arco, artesanía de mi padre. Miro hacia el cadáver y arranco la flecha de un tirón.
La coloco sobre el arco, y apunto hacia el lugar donde procedía el sonido de los pasos. Pongo el arco en tensión mientras observo una figura acercarse.Viene desarmado, y a medida que se acerca, voy bajando el arco, mientras una sonrisa de alivio ilumina mi rostro, pintado de colores rojos y azules en ambas mejillas que estiran mi piel produciéndome un cosquilleo muy agradable.
- Eres tú...
- Te he visto muy rápida, así me gusta, veo que serás una gran cazadora.
-SOY, una gran cazadora- Respondo con uno tono burlón y autoritario, mientras señalo con el brazo mi presa.
-Porque eres mi hija.. Si no, no te librabas de ser tan insolente- Ríe mirándome a los ojos, que seguidamente dirige a la dirección indicada por mi brazo. Vuelve a mirarme asintiendo.
-Esto está muy, muy bien, Eunice- Sonríe y se acerca al cadáver, cargándole con algo de esfuerzo sobre sus hombros. Mi padre es un hombre joven y fuerte, y ha podido cargar con presas mucho mayores.. Aunque últimamente, noto algo que falla en él.
El ciervo que he cazado ha cerrado sus ojos para siempre, eso significa, que ya se han llevado su alma. Miro hacia el cielo, buscando una estrella entre los huecos que dejan los árboles. Sonrío a un pequeño punto blanco y brillante que me observa desde el cielo despejado. La noche en esos bosques crea un momento realmente mágico.
Sin decir palabra emprendemos juntos el camino de vuelta a casa, una cabaña amplia que se encuentra en medio del bosque, protegida por lo árboles más altos. Allí nos espera mi madre, y Cinzia. Voy corriendo hacia ella pero mi madre me para.
-Ve a lavarte antes de nada, la cena está lista- Al notar que me alejo de ella sin saludarla, los ojos de Cinzia se tornan en un color oscuro, triste, pero su mirada sigue siendo igual de penetrante. Sonrío sin apartar mi atención , hasta que la pierdo al subir las escaleras.
Toda mi vida me he dedicado a ver esta misma imagen, repetida mil veces en mi mente, siempre de la misma manera. Termino sentada junto a él, como si estuviese guardando su alma para cuando vengan a recogerla., por una parte siento que es mi obligación, es mi manera de pedir disculpas.
-Lo siento.. Pero necesito comer... Y no pasar frío...- Susurro en su oreja, muy suave, sin llegar a tocarla. Una pequeña lágrima cae sobre su pelo,dejándole de un marrón más oscuro al que posee. Me seco el ojo, y me separo de nuevo. Una ráfaga de viento acaricia mi mejilla..¿Será eso la forma de decir que me ha perdonado?, espero que sí.
De repente, escucho unos pasos. En estos bosques es muy fácil percibir cualquier movimiento tan solo con el oído. Las ramas que se juntan con hojas secas caídas de los árboles, y crujen ante pasos de animales.. o humanos. Me levanto con un movimiento ágil y cojo mi arco, artesanía de mi padre. Miro hacia el cadáver y arranco la flecha de un tirón.
La coloco sobre el arco, y apunto hacia el lugar donde procedía el sonido de los pasos. Pongo el arco en tensión mientras observo una figura acercarse.Viene desarmado, y a medida que se acerca, voy bajando el arco, mientras una sonrisa de alivio ilumina mi rostro, pintado de colores rojos y azules en ambas mejillas que estiran mi piel produciéndome un cosquilleo muy agradable.
- Eres tú...
- Te he visto muy rápida, así me gusta, veo que serás una gran cazadora.
-SOY, una gran cazadora- Respondo con uno tono burlón y autoritario, mientras señalo con el brazo mi presa.
-Porque eres mi hija.. Si no, no te librabas de ser tan insolente- Ríe mirándome a los ojos, que seguidamente dirige a la dirección indicada por mi brazo. Vuelve a mirarme asintiendo.
-Esto está muy, muy bien, Eunice- Sonríe y se acerca al cadáver, cargándole con algo de esfuerzo sobre sus hombros. Mi padre es un hombre joven y fuerte, y ha podido cargar con presas mucho mayores.. Aunque últimamente, noto algo que falla en él.
El ciervo que he cazado ha cerrado sus ojos para siempre, eso significa, que ya se han llevado su alma. Miro hacia el cielo, buscando una estrella entre los huecos que dejan los árboles. Sonrío a un pequeño punto blanco y brillante que me observa desde el cielo despejado. La noche en esos bosques crea un momento realmente mágico.
Sin decir palabra emprendemos juntos el camino de vuelta a casa, una cabaña amplia que se encuentra en medio del bosque, protegida por lo árboles más altos. Allí nos espera mi madre, y Cinzia. Voy corriendo hacia ella pero mi madre me para.
-Ve a lavarte antes de nada, la cena está lista- Al notar que me alejo de ella sin saludarla, los ojos de Cinzia se tornan en un color oscuro, triste, pero su mirada sigue siendo igual de penetrante. Sonrío sin apartar mi atención , hasta que la pierdo al subir las escaleras.
domingo, 7 de abril de 2013
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