Observo sus ojos vacíos con una media sonrisa en la cara. Acaricio su lomo despacio, sintiendo la áspera textura que produce su piel, que está fría, muy fría. Estoy sentada junto a él, con el cuerpo relajado, y lo único que muevo es mi mano sobre el cuerpo. Aún sigue dándome pena, y hasta un sentimiento de culpa hacer esto, parece mentira, después de todo este tiempo.
Toda mi vida me he dedicado a ver esta misma imagen, repetida mil veces en mi mente, siempre de la misma manera. Termino sentada junto a él, como si estuviese guardando su alma para cuando vengan a recogerla., por una parte siento que es mi obligación, es mi manera de pedir disculpas.
-Lo siento.. Pero necesito comer... Y no pasar frío...- Susurro en su oreja, muy suave, sin llegar a tocarla. Una pequeña lágrima cae sobre su pelo,dejándole de un marrón más oscuro al que posee. Me seco el ojo, y me separo de nuevo. Una ráfaga de viento acaricia mi mejilla..¿Será eso la forma de decir que me ha perdonado?, espero que sí.
De repente, escucho unos pasos. En estos bosques es muy fácil percibir cualquier movimiento tan solo con el oído. Las ramas que se juntan con hojas secas caídas de los árboles, y crujen ante pasos de animales.. o humanos. Me levanto con un movimiento ágil y cojo mi arco, artesanía de mi padre. Miro hacia el cadáver y arranco la flecha de un tirón.
La coloco sobre el arco, y apunto hacia el lugar donde procedía el sonido de los pasos. Pongo el arco en tensión mientras observo una figura acercarse.Viene desarmado, y a medida que se acerca, voy bajando el arco, mientras una sonrisa de alivio ilumina mi rostro, pintado de colores rojos y azules en ambas mejillas que estiran mi piel produciéndome un cosquilleo muy agradable.
- Eres tú...
- Te he visto muy rápida, así me gusta, veo que serás una gran cazadora.
-SOY, una gran cazadora- Respondo con uno tono burlón y autoritario, mientras señalo con el brazo mi presa.
-Porque eres mi hija.. Si no, no te librabas de ser tan insolente- Ríe mirándome a los ojos, que seguidamente dirige a la dirección indicada por mi brazo. Vuelve a mirarme asintiendo.
-Esto está muy, muy bien, Eunice- Sonríe y se acerca al cadáver, cargándole con algo de esfuerzo sobre sus hombros. Mi padre es un hombre joven y fuerte, y ha podido cargar con presas mucho mayores.. Aunque últimamente, noto algo que falla en él.
El ciervo que he cazado ha cerrado sus ojos para siempre, eso significa, que ya se han llevado su alma. Miro hacia el cielo, buscando una estrella entre los huecos que dejan los árboles. Sonrío a un pequeño punto blanco y brillante que me observa desde el cielo despejado. La noche en esos bosques crea un momento realmente mágico.
Sin decir palabra emprendemos juntos el camino de vuelta a casa, una cabaña amplia que se encuentra en medio del bosque, protegida por lo árboles más altos. Allí nos espera mi madre, y Cinzia. Voy corriendo hacia ella pero mi madre me para.
-Ve a lavarte antes de nada, la cena está lista- Al notar que me alejo de ella sin saludarla, los ojos de Cinzia se tornan en un color oscuro, triste, pero su mirada sigue siendo igual de penetrante. Sonrío sin apartar mi atención , hasta que la pierdo al subir las escaleras.
Me encanta, muy magico, muy espiriyual, aunq lo ultimono lo he pillado, pero espero que sigas escribiendo y que ya me entere
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